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Un emparejamiento inédito en Copa de dos viejos conocidos en Liga

El Real Oviedo fue el rival del Castellón en un partido muy señalado en la historia del equipo de La Plana

Las vidas del Castellón y del Real Oviedo han tenido en lo extradeportivo muchos puntos en común en los últimos tiempos. Ambas entidades han pasado por duros momentos en los que ha corrido serio riesgo su supervivencia y en los que sus respectivas aficiones han dado ejemplo de fidelidad a un sentimiento.

Ello se tradujo deportivamente en un alejamiento del fútbol profesional que ha conllevado la ausencia de enfrentamientos entre dos equipos que estaban acostumbrados a verse las caras. Eso explica que durante las tres últimas décadas y algo más, Orelluts y Carbayones únicamente han coincidido una vez, hace tres temporadas en el Campeonato Nacional de Liga de 2.ª División.

Y es que un partido entre el Castellón y el Real Oviedo era algo habitual en la mayor parte del siglo pasado. Desde el primer encuentro celebrado en el campo de El Sequiol el 1 de febrero de 1931 hasta el último, que tuvo lugar en el antiguo Carlos Tartiere el 9 de junio de 1991, fue un choque que incluso tuvo períodos, como fueron los años setenta u los ochenta, en los que se repetía casi sin falta temporada tras temporada; pero siempre en Liga, ya fuese en 1.ª o en 2.ª División.

Ese citado duelo del año 1991, de buen recuerdo para los oviedistas por cuanto su victoria por tres goles a cero supuso terminar aquella Liga en una sexta plaza que les permitiría clasificarse para jugar la Copa de la UEFA, seguramente concitará el sentimiento contrario en los castellonenses, militantes entonces en una máxima categoría de nuestro fútbol que abandonaron aquella tarde al descender.

De los cincuenta y seis partidos que han disputado en total hasta hoy, uno está especialmente marcado en la historia de la entidad blanquinegra. El 29 de enero de 1933 el Real Oviedo se presentó en el campo de El Sequiol como líder de una 2.ª División en la que el Castellón era colista. Con el ambiente caldeado por el malestar que había causado entre la afición local la designación arbitral del aragonés Julio Ostalé para dirigir el choque, por anteriores actuaciones consideradas perjudiciales para sus colores, las continuas protestas de los aficionados por la actuación arbitral derivaron en graves incidentes, con invasión de campo, agresiones y peleas que culminaron con la suspensión del encuentro cuando restaban por disputarse más de veinte minutos y el marcador reflejaba la victoria de los azules por cero goles a dos.

Pese a las presiones recibidas, Ostalé se negó a reanudar el encuentro para llegar a su conclusión y, previo paso por la casa de socorro para ser atendido de urgencia de las heridas sufridas en lo que los medios calificaron de batalla campal, por orden del gobernador civil de Castellón fue detenido y pasó la noche entre rejas acusado de promover desórdenes públicos. Además le fue impuesta una multa de 500 pesetas.

El castigo aplicado al club castellonense por los órganos federativos consistió en una fuerte multa económica y el cierre de El Sequiol durante tres meses, además de conminar al Castellón a jugar los partidos restantes como local de aquella temporada en Valencia, en el estadio de Mestalla. También se obligó a los castellonenses a pagar el coste de las atenciones recibidas por el colegiado durante la semana de ingreso hospitalario en Zaragoza que precisó hasta su recuperación.

La negativa a cumplir con la sanción le supuso al conjunto castellonense unas consecuencias mucho más graves que el asumido descenso de categoría, pues culminó con la desaparición de facto del Club Deportivo Castellón, hasta que fue rehabilitado y pudo volver a competir a la conclusión de la Guerra Civil en 1939, después de seis años sin actividad deportiva.

El papel del Real Oviedo en ese episodio transcendente para el equipo de La Plana fue el de un mero observador. Viajó en su Sterling, el autocar adquirido pocas semanas antes y que era un lujo para la época, confirmó los pronósticos y con dos goles anotados por Galé obtuvo otro triunfo que le acercaba más a lo que al final de la temporada le iba a suponer el ascenso a 1.ª División, y tras los incidentes retornó a Valencia para pasar la noche, pues allí había establecido el cuartel general. De lunes el Sterling llevó a la expedición hasta Madrid, donde pernoctó antes de cubrir el martes el trayecto hasta León para hacer otra noche y llegar a la Capital del Principado el miércoles por la mañana.

De los otros veintisiete partidos que el Real Oviedo ha jugado hasta ahora en Castellón, no faltan los que tienen algún aspecto a recordar, como el que tuvo lugar el 23 de enero de 1977, cuando ya en Castalia y pese al triunfo local por tres goles a uno, también se produjo una invasión de campo, anecdótica en esta ocasión, pues fue únicamente un espectador el que saltó al terreno de juego. Ocurrió en los minutos finales y afortunadamente pudo ser detenido poco antes de consumar su clara intención, que no era otra que agredir al oviedista Laguna.

También es digno de mención el primer partido de la campaña 1983-84. No pasaría de ser uno más de no ser porque, confirmando lo mal que se le dan tradicionalmente al Real Oviedo los encuentros inaugurales de las temporadas, sobre todo si son a domicilio, la victoria oviedista por cero goles a dos de aquella tarde sigue siendo a día de hoy, más de cuarenta años después, la última vez que militando en las dos primeras categorías del fútbol español, el Real Oviedo ganó en la primera jornada de Liga jugando fuera de casa.

No faltaron los enfrentamientos en los que fueron los oviedistas quienes protagonizaron las quejas por la labor del trencilla de turno, como sucedió por ejemplo en el celebrado el 23 de septiembre de 1984, cuando con un contundente 5-1 en el marcador, Gómez Ramírez expulsó al guardameta oviedista Viti después de proferir un insulto cuando se disputaba el minuto veinticinco de la segunda mitad. Como ya se habían realizado las dos sustituciones que se permitían entonces, ocupó su puesto bajo palos como guardameta el delantero Hevia, que no solo mantuvo la portería imbatida hasta la conclusión, sino que protagonizó más de una parada de mérito.

Más polémica hubo la campaña siguiente, el 26 de enero de 1986 con el árbitro Díez Frías como protagonista. Mediada la segunda parte uno de los jueces de línea requirió su atención para indicarle que había recibido un insulto por parte de un jugador azul, tras lo que le fue mostrada la tarjeta roja al oviedista García Barrero. Pero casi inmediatamente el linier volvió a reclamar a Díez Frías para que se acercase y confesarle que tenía dudas en cuanto a que realmente hubiese sido García Barrero quien había proferido el exabrupto. A partir de ese instante y durante casi cinco minutos se sucedieron las deliberaciones entre los miembros del equipo arbitral, intentando identificar al autor del insulto. Primero apuntaron hacia Julià y después hacia Blanco. Con el juego interrumpido, el colegiado se movía de un sitio para otro sin decidir a quién debía mostrar la cartulina que portaba en la mano, mientras era seguido por el capitán oviedista Vili, que intentaba que se volviese atrás en su decisión de expulsar a un componente de su equipo. Al final tomaría la decisión de volver al punto de partida y quien terminaría poniendo rumbo a los vestuarios sería Santiago García Barrero, quien negaría después haberse dirigido al juez de línea en ningún momento.

Pero si hay un recuerdo que merece tener un hueco en la pequeña historia del fútbol es el asociado al partido que Castellón y Real Oviedo (3-3 fue el resultado) jugaron el 15 de diciembre de 1946. Aquel día Isidro Lángara —único futbolista español que figura en la clasificación mundial de los mejores goleadores de todos los tiempos según la IFFHS—, logró el último de los muchos tripletes goleadores que firmó a lo largo de su carrera. Había regresado de México unos meses antes para reincorporarse al Real Oviedo diez años después de su marcha y, pese a su veteranía, seguía demostrando sus dotes goleadoras, como hizo aquella tarde.

En cuanto a los escenarios donde se disputaron estos enfrentamientos entre Castellón y Real Oviedo en tierras valencianas, no solo hay que reseñar el viejo Sequiol y su sucesor, el estadio de Castalia, tanto el original construido en los años cuarenta como el actual, totalmente remodelado en los ochenta, pues también fue testigo de un Castellón–Real Oviedo el Javier Marquina, estadio donde se celebró el partido correspondiente a la temporada 1986-87 (se jugó el 4 de enero de 1987), por estar Castalia siendo sometido a su reforma.

En la fotografía de portada podemos ver a Marianín y a Cela (que tuvo un breve paso por el Real Oviedo en 1961 durante el que jugó dos partidos) disputando un balón en un choque en los años setenta.

✍ CONSEJO DE HISTORIA