Tal día como pasado mañana, 12 de mayo, en 1935, el jugador del Real Oviedo Isidro Lángara marcaba los dos goles que suponían el triunfo de España frente a Alemania en un partido disputado en Colonia en medio de un tremendo ambiente de exaltación nacionalista germana.
Con numerosa presencia de altos mandos del régimen de Adolf Hitler, y en pleno auge del nazismo, ante unos 70.000 espectadores, se disputaba el primer partido de fútbol entre Alemania y España.
Aunque se trataba de un partido amistoso, poseía una gran significación para el régimen nazi, dada la contumaz defensa que hacía Hitler de una supuesta superioridad física y psicológica del pueblo germano.
“El nacionalismo alemán estaba desbordado. Se concedía una importancia sensacional a esta lucha", escribió sobre el partido la agencia de noticias Noti-Sport. El estadio se hallaba plagado de esvásticas y otros símbolos del nazismo.
El equipo alemán se adelantó en el marcador por medio de su capitán, Conen, que de tiro cruzado estableció el 1-0 a los 11 minutos de partido, lo que provocó el delirio de la afición alemana.
Pero no les duraría mucho la alegría a los alemanes, ya que a los 30 minutos de encuentro llega el balón a Lángara y este, pese a ser derribado violentamente por un defensa alemán, logra desde el suelo, en una difícil posición, disparar a puerta sin que el meta germano, Buchloh, pueda evitar el gol.
A raíz del empate, el juego alemán se hizo más violento, lo que no sirvió para contrarrestar el buen fútbol de la selección española, que dominaba el partido con claridad, lo cual fructificó nuevamente a los pocos minutos.
Corría el minuto 37 cuando en una buena combinación del equipo español el balón llega a Lángara, dentro del área, que dispara con su habitual fuerza y bate de nuevo al portero alemán.
En la segunda parte la selección española tendría alguna ocasión más de gol por medio de Lángara; en especial una en la que el delantero oviedista sorteó a varios jugadores alemanes y estuvo a punto de conseguir un nuevo tanto.
El partido supuso la primera victoria de España ante Alemania, un buen disgusto para el régimen nazi, que había organizado todo para festejar una victoria, y supuso asimismo agrandar aún más el nombre de Isidro Lángara, que ya entonces era un delantero plenamente consagrado.