Tal día como hoy, un 11 de agosto, en el año 2003, el inicio de los entrenamientos por parte del Real Oviedo tenía un significado muy especial, ya que la participación del equipo en la Liga y la supervivencia del club pendían de un hilo.
A poco más de dos semanas para el comienzo de la Liga de Tercera División, categoría en la que debía jugar el primer equipo del Real Oviedo, el presidente del club, Manuel Lafuente, le había encomendado al técnico Antonio Rivas ser el entrenador y confeccionar una plantilla para salir a competir. A esas alturas, formar un equipo precisó de muchas llamadas telefónicas en las que Rivas utilizó todos sus contactos para tratar de ir incorporando futbolistas, desconocidos en su gran mayoría para el oviedismo, a los que era necesario convencer. Debían estar libres y dispuestos a incorporarse a un club en unas condiciones que no eran precisamente las mejores.
Antonio Rivas realizó once fichajes en menos de dos semanas. Junto con algunos juveniles y miembros del Real Oviedo B, el primer equipo de la entidad se presentaría para enfrentarse al Mosconia de Grado el 31 de agosto en el estadio Carlos Tartiere en el primer partido de Liga. Aquel día, con unas viejas camisetas de la marca avilesina Joluvi, que se ofreció a vestir al equipo durante la temporada, como había hecho en los años noventa en Primera División, saltaron al césped del Tartiere Rafa Ponzo, Aláez, Paul, Merino, Manu, Luismi, Granada, Kily, Armando, Recamán y Jon Carrera. Salvo este último, conocido por unos pocos aficionados locales por haber estado cedido en el conjunto de la Universidad de Oviedo la campaña anterior, los demás eran unos completos desconocidos para los espectadores presentes en el estadio, que eran algo menos de los 5000 abonados que ya sumaba el club a esas alturas.
Los aficionados que estaban en el Tartiere ese día creían estar viviendo un mal sueño, después de que desde 1988 hasta 2001 el Real Oviedo hubiese competido en Primera División e incluso hubiera participado en la Copa de la UEFA.
Eran los años del barro, así llamados por el lodo que se encontraba el Real Oviedo en muchos de los campos de los clubes modestos a los que tenía que rendir visita. La pesadilla duraría hasta 2015, cuando el equipo carbayón logró regresar al fútbol profesional.
La fotografía que ilustra este texto muestra a Antonio Rivas trabajando en precarias condiciones en la clínica del Carlos Tartiere, habilitada mínimamente como lugar de trabajo del entrenador y su segundo, Pedro Luis González.